domingo, 7 de noviembre de 2010

Libretos monotemáticos

Cada vida es una película ilimitada de experiencias. Basta con sentarse un día en la universidad, en un café o en una plaza para que lleguen a tus oídos una increíble variedad de historias. Las personas no pueden evitar transmitir sus sentimientos y sus vidas, tarde o temprano terminan proyectando lo que les sucede o sienten.

Es preciso notar que, aunque cada persona tiene vivencias y percepciones muy distintas, los géneros que predominan en el desarrollo de los guiones son el drama y el romance. Nada complace o tranquiliza más a una persona que descargar sobre un incauto transeúnte sus aventuras (o desventuras) amorosas y sus tragedias personales. Aunque la mayoría de las ocasiones la situación pueda llegar a ser interesante, frecuentemente termina cayendo en el tedio. La monotonía de las historias casi hace desaparecer el carácter único de cada persona, uno se puede llegar a sentir como en una sala de cine viendo alguna de las secuelas de SAW o la saga Crepúsculo, algo ¡absolutamente aburrido y predecible!

Puede sonar cruel, el despojar de importancia algunas de las heridas más profundas en el corazón de un amigo o conocido, pero es una realidad que son situaciones pasadas, tiempos que probablemente no volverán de los que ya se ha aprendido una lección (aunque hay algunas excepciones). Y para eso sirven los recuerdos, buenos y malos, para aprender y  evitar cometer los mismos errores en un futuro, no para relatarlos sin cesar en una retahíla de lloriqueos y ataques de histeria.

No me malinterpreten, la verdad me gusta mucho escuchar la mayoría de los relatos de mis amigos y familiares. Son solo unos cuantos casos los que logran que mis oídos se desconecten del mundo en los primeros segundos de la historia para volver a la realidad una vez ha terminado, todo esto mientras se asiente con la cabeza a intervalos adecuados de tiempo y se pronuncian “ajá’s” esporádicos.

Respeto mucho las vivencias de otros y las escucho seriamente, pero a la menor oportunidad les hago saber que hay relatos de los que se aprende, se comparten una o dos veces y luego se olvidan, que no hay necesidad de continuarlos por la eternidad. Que por más que se lamenten sobre lo trágico de sus vidas el pasado no cambiará ni les dará una segunda oportunidad.

En la vida no existen finales alternativos.