viernes, 31 de diciembre de 2010

Una vida en gris...

« Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit » - Plauto

Así como la solidaridad y el altruismo encajan en el imaginario colectivo como actitudes benévolas y edificantes, otras como el egoísmo y la hipocresía juegan el papel inverso. El hombre que vive en sociedad siempre ha tenido la facilidad de encasillar a otros en estándares muy definidos. Es por eso que resulta tan sencillo escuchar a cualquier individuo referirse a otro como una “buena” o “mala” persona, una muestra tangible de lo facilista que es nuestra especie en general.

Hace poco tuve la oportunidad de ver una película del director Lars von Trier títulada Dogville (2003), un drama desgarrador que cuenta la historia de Grace, una jóven fugitiva que por azares del destino es acogida en Dogville, un pueblo en el interior de los Estados Unidos y que, a cambio de la protección que le brindan, decide pagar el favor trabajando para los habitantes del lugar. La película, más allá de un trabajo cinematográfico impresionante, propone una visión del hombre cruda y realista, se convierte pues en una ilustración de la vida en sociedad y una ejemplificación del famoso Homo homini lupus (El hombre es un lobo para el hombre), popularizado por Thomas Hobbes, haciendo énfasis en la naturaleza egoísta e hipócrita del hombre. Sin embargo lo que quiero analizar en la entrada no es la verdad o no de esta tésis, sino si debería servir esto para dar un calificativo tan genérico como es “malo” a una persona.
Desde la perspectiva propuesta por la famosa frase y por la película resulta imposible concebir que algo como el altruismo o la solidaridad exista. Todo se reduce a un afán individual de obtener algún beneficio, material o no. Pero incluso desde ésta perspectiva tan pesimista de la sociedad se da que la combinación de dos o más intereses egoístas puede generar un resultado benéfico para todas las partes. Con esto quiero decir que no porque la mayoría de acciones humanas estén motivadas por un interés personal se deba encasillar a todo el género como “malo”, hasta el egoísmo puede traer resultados positivos.

De esto es importante notar que más que el motivo, son las consecuencias las que le dan un carácter positivo o negativo a una acción. Y al contrario de los motivos, los efectos de una acción suelen salirse del control del que las ejecuta. Por ésta razón sería tan injusto juzgar a una persona por las consecuencias de algo que hizo como lo sería hacerlo por el motivo que lo movió. Al ser tan complicado determinar la bondad o maldad de una simple decisión o actividad ¿no sería lógico pensar que lo sería aun más al hacerlo con una persona? Decir blanco o negro en cuestiones de moral es casi imposible, siempre habrá lugar para los grises y sus matices. Y sí, el hombre tiende a maximizar el beneficio propio y muchas veces es esa misma búsqueda la que hace posible la cooperación, la solidaridad y la vida en sociedad. La vida no siempre es un juego de suma cero.

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