lunes, 21 de febrero de 2011

Vivir en un cuento...

"Me han dicho -a modo de crítica- que vivo en la Luna. Les he dicho -a modo de crítica- que viven en la Tierra." - Jaime J. Escobar

Dicen que no debemos vivir en un cuento de hadas. La crudeza del mundo en el que vivimos llega a nuestra cotidianidad como una onda de choque fría y despiadada; Mentira, odio, tortura y muerte son el pan de cada día en una sociedad que ha perdido lo último que quedaba en su caja de Pandora. Sin embargo, los cuentos, como las leyendas, no fueron sacados de la imaginación de algún romántico alienado, sino que tienen su fundamento en la realidad. En algún momento las circunstancias se le presentaron al artista en forma de Príncipe Azul, Princesa, Bruja o Hada Madrina, personajes que representan mucho más que una simple utopía y llegan a mostrar la realidad en una forma muy especial.  Hoy lo creo más que nunca.

Lo que sucede con esto es que, a diferencia de los cuentos, en la vida es imposible separar a los personajes, siempre están fusionados. La naturaleza tiene su propia magia y encuentra la forma de equilibrarse. Llega el momento en que una persona encuentra un complemento a su vida, una torre impenetrable en la que – él sabe – habita una princesa de belleza indescriptible y bondad infinita, y desde ese momento intenta por todos los medios llegar a ella, incluso si eso significa arriesgar su vida y cordura escalando. Es precisamente en ese ascenso cuando la realidad se separa del cuento de hadas. El que sube sabe que lo que quiere encontrar no es una princesa, sabe que en ella están la bruja y el hada y que esa combinación es la que lo motiva, porque él es así, lejos de ser un príncipe, es  un sapo, un cazador ingenuo y un cisne negro.

Entonces el verdadero problema es cuando no se vive en un cuento, porque se ignora la oscuridad, la gracilidad o la sabiduría que ofrece cada personaje para ver todo bajo un ojo racional y falto de profundidad. Yo he hecho mi elección. Quiero llegar hasta el final del ascenso y encontrar a la bruja y a la princesa juntas, ambos roles combinados con sus altibajos y particularidades, porque es esa pequeña contradicción, esa discordia de elementos, la que me motiva a seguir.

Ya solo me queda esperar ser visto de la misma forma, no como una faceta armónica y regular…esas son para los personajes triviales.


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