El destino es un concepto común, no solo en el marco religioso, sino también en la literatura, el cine y la música. Que nuestra vida dependa parcial o totalmente de un hilo conductor creado por alguna clase de ser superior puede resultar atractivo e incluso tranquilizante para algunos. Sin embargo, también somos una gran cantidad de personas las que no nos sentimos a gusto con la idea.
Las historias épicas y las novelas están llenas de héroes y mártires, todos nacidos con una misión, nacidos para ser grandes o realmente desgraciados. Desde antes de ser concebido, Zeus estaba predestinado a arrebatar el poder de su padre, y nada que éste hiciera podía cambiar ese hecho, de la misma forma Edipo estaba atado a la tragedia, y por lejos que estuviese volvería para matar a su padre y desposar a su madre.
En la vida real la situación pareciera no ser tan diferente, a diario encontramos personas que aceptan la existencia del destino y se subyugan a él. Y no hablo solo de las personas religiosas, para quienes éste parece ser un hecho indiscutible, –Dios tiene un plan para cada uno de nosotros –, sino también de las personas que piensan que su vida no va a cambiar, que nacieron para sufrir o que las situación va a mejorar de la nada, porque ellos se lo merecen. Y bueno, yo sé que no vale la pena discutir sobre un tema que jamás será comprobado o refutado, pero es que la influencia del “destino” (o la creencia en él) si puede llegar a afectar el presente de una persona o varias, y ahí es cuando la situación se vuelve preocupante.
Si uno observa a varias personas de su vida, puede darse cuenta que varias piensan que actuar bien o esforzarse en lo que hacen les traerá, indiscutiblemente, buenos resultados. Y dejémonos de consuelos ridículos, sabemos que no es así. El mundo está plagado de excelentes personas, genios y héroes que viven en la desgracia, personas a quienes la vida les ha dado golpes consecutivos sin dejarlos respirar sin que eso les garantice una mejoría para el futuro. Si se aferran a la idea del destino o similares, es muy probable que se queden toda la vida esperando un giro milagroso que seguramente no llegue pero si, por el contrario, abandonan la idea del destino y luchan cada día por mejorar, puede que no tengan su giro milagroso, pero si aumentarán sus probabilidades de éxito en una gran proporción, porque se crean cada día nuevas oportunidades y caminos.
Me parece super. Pienso que la idea del destino es demasiado confusa para casi todos, pero en general te ata. La idea del destino en general te vuelve docil frente a las circunstancias. Por eso, comparto el sentimiento.
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